miércoles, mayo 03, 2006

El Proyecto Gran Simio:

Las ansias de igualar a al hombre y la mujer de las sufragistas a finales del XIX y principios del XX tiene sentido, las luchas de Martin Luther King por la igualdad entre negros y blancos tanto en los estados del norte como en los antiguos confederados también. Tal vez, y digo tal vez, se está exagerando a día de hoy esa lucha en las democracias occidentales, al menos en la parte que corresponde a los propios países democráticos y no a otros como Somalia. Aparentemente que una mujer anuncie un refresco con su cuerpo la “rebaja”, pero al hombre no le “rebajan” los anuncios en los que se le muestra como un inútil funcional a la hora de hacer las tareas de casa, así como muchos otros ejemplos… Pero los excesos de los defensores de la mujer, ridículos en tantas ocasiones (siempre preferiré al ministro más apto frente a la paridad, sea hombre o mujer), no son nada comparados con lo que las noticias nos traen últimamente. El “Proyecto Gran Simio” pretende, atención, que se califique a los grandes simios (orangutanes, gorilas, etc) como personas.
Como personas, sí señor. Porque, por todos es sabido, que los animales tienen sentimientos complejos, como vergüenza, valor, compasión y frustración, incluso lenguajes con los que se comunican y eso, al parecer, los convierte en personas según algunos.
Evidentemente esas capacidades requieren que a los animales se les otorguen una serie de derechos, no cabe duda. De hecho ya existen y cualquiera que mutile por placer a su gato o descuartice a su conejo puede ir a la cárcel. También reconozco que el perro de mi tía me entiende cuando le digo que se siente, y que cuando se le reprende se pone triste.
Gracias a este camino que se ha abierto paso hasta el Congreso se abren jugosas expectativas para los simios superiores, como el derecho a una vivienda digna, un trabajo bien pagado y la escolarización obligatoria. Incluso alguno de esos adorables amantes de los animales podrá contraer matrimonio con su “mascota”, aún se les puede llamar así, y vivir felices en la institución del matrimonio. Además esto conlleva grandes ventajas para todos, porque todos los impuestos que paguen los señores simios irán directos a pagar nuestras carreteras, hospitales (¿nunca quisieron compartir su convalecencia de post-operatorio con un gorila hembra?) y proyectos de investigación, que en algunos casos tal vez nos lleven a descubrir que las lagartijas también son personas, porque si se las aplasta, sufren…
Pero es que hay una diferencia, que es la auto-conciencia intelectual. Un perro, un orangután o un cerdo reconoce un árbol, una valla e incluso a su dueño, pero no son conscientes de sí mismos en tanto que habitan el universo. No tienen conciencia en absoluto de “mundo” o de un “yo” interno. Sienten, no cabe duda. Pero no verán jamás a un simio enunciando en su lenguaje una ley universal como la gravedad. Las cosas pasan, y cuando comen un pez se sienten saciados, pero ninguno entenderá jamás de dónde salió el pez.
“¡Ah, desalmado! ¿No sabes, acaso, que provenimos del mono y que dan muestras de lenguajes avanzados en los que crean incluso palabras?” – me diría un radical. Bien, eso es falso, el hombre no viene del mono. El hombre tiene un antepasado común a partir del cual han evolucionado paralelamente tanto los simios como el hombre que, por cierto, es tan antiguo que no se encuentran muestras de él (de ahí que la iglesia y el estado de Kansas [con el honorable juez Zaius a la cabeza] se sigan aferrando a las teorías creacionistas) y por eso se llama Eslabón Perdido. Por tanto, la relación entre los simios actuales y el ser humano es la de primos muy lejanos y no la de un padre del campo y un hijo universitario… para entendernos. Con respecto a lo segundo, sí, lo sabía, y también es incorrecto. Hacen uso de un leguaje otorgado, creado por los humanos que modifican (juntan “pájaro” y “agua” para decir pez, por ejemplo) pero ello no demuestra que conciban nada como integrado en el conjunto de una categoría “mundo” o que sean capaces de entenderse como un “yo” consciente de su existencia, de su mortalidad y de su insignificancia frente al mundo. Cosa que cualquier ser humano es capaz en circunstancias normales.
Me parece bien que existan unos derechos de los animales, en tanto que sufren y sienten, pero equiparar los derechos de algún tipo de animal a los del ser humano es tan ridículo como los títulos de alguno de los capítulos del propio proyecto:
IV. Ética:
1 «Grandes simios, humanos, alienígenas, vampiros y robots», Colin McGuinn.
Los potenciales del hombre y los de los simios son tan diferentes como los de los cerdos y los canguros.
Eso me recuerda más exageraciones de la lucha neo-sufragista (“igualdad total e incondicional”) que me hacen sonreírme para adentro, como las exaltaciones de las mujeres de la construcción y sus quejas por la discriminación que se hace al elegir antes a un hombre que a una mujer para este sector.
Señoras feministas radicales: el hombre y la mujer son iguales en derechos, pero sus cuerpos son diferentes y cualquier ideología que no lo tenga en cuenta carecerá de sentido.
El error, tanto en el feminismo exagerado como en la defensa de la “personificación” de los animales, es enaltecer las igualdades hasta el punto de pasar por encima las diferencias que, por desgracia, existen.

2 Comments:

At 1:21 a. m., Anonymous Anónimo said...

¿Puedo casarme con una medusa?

 
At 8:36 p. m., Blogger LST1984 said...

Creo que el Congreso de los Diputados esta tramitando un anteproyecto de Ley en que considera a las medusas, atropodos superiores y polipos carnivoros como personas. Crucemos los dedos para que pase adelante (y esos reticientes reaccionarios sean acallados) y la gente como tu pueda cumplir sus sueños.

 

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