martes, abril 10, 2007

Símbolos:

En el barrio de Entrevías de Madrid se alza la parroquia de San Carlos de Borromeo. Entrevías es un barrio pobre, típico barrio obrero lleno de familias con problemas para llegar a fin de mes, lleno de casos de drogadicción y delincuencia y ahora se enfrenta al cierre de su parroquia, una parroquia que ya lleva desarrollando una inestimable labor social durante 26 años. A esta iglesia acuden constantemente toda clase de personas: inmigrantes, ancianos, madres con sus hijos, drogadictos, etc., ateos o creyentes, porque aquí han encontrado un lugar donde pueden venir a contar sus problemas o participar en cualquiera de los múltiples talleres que se imparten, o simplemente, venir a misa, crean en Dios o no, para salir reconfortados.
Las cosas en esta iglesia es verdad que no son demasiado ortodoxas (entiéndase la expresión, no lo digo por la otra religión…), el cura da la misa en vaqueros; en vez de obleas, ocasionalmente se comulga con rosquillas que comparte una madre celebrando que su hijo ha salido de la cárcel o ha superado la cocaína; no hay sermón como tal, sino que todos los feligreses comentan el Evangelio haciendo suyo el mensaje de la Biblia, como hacen muchas otras comunidades de cristianos (como la de mis padres); etc.
Es precisamente esta heterodoxia la que esgrime Rouco Varela (obispo de Madrid) para cerrar la iglesia, para acabar con todo lo que esta representa. La iglesia roja.
¡Dios! ¿Es que se puede ser tan subnormal? Me da tanta rabia que casi me hace llorar.
¿Acaso llevaba Jesucristo una bata blanca con una bufanda verde o del color que fuera dependiendo de la época del año? Más bien parece que iba vestido como se vestía en la época, sin hacer distinciones, y ¿quién va a ser mejor representante de Dios en la Tierra que Jesús? Cuando hizo la Comunión en la Última Cena, ¿usó obleas prefabricadas y vino dulce? ¿Acaso Jesús predicó en latín o castellano? Y sobretodo, ¿acaso importa una puta mierda?
Los símbolos no son más que putos símbolos que no significan nada solos, que sirven para inspirar una conducta, una forma de entender la vida basada en el amor y la caridad; el mismo amor y la caridad que cada día demuestra Enrique de Castro, uno de los párrocos de la Iglesia, con los niños huérfanos marroquíes que ha acogido en su casa, en las sesiones que da a drogadictos y delincuentes para ayudarles con sus problemas o en la infinitud de programas sociales que hace. Uno se pregunta si Rouco tiene muchos niños pobres cuidados a su cargo en su casa, aunque es cierto que no es fácil compaginar los niños y el activismo político (a menos que sea para sexo, claro, uno tiene que desestresarse), activismo curioso en alguien que se debe dedicar a cuidar las almas de la gente y no distraerse de otra cosa que no sea la fe en Dios (argumento católico contra el matrimonio), o cuándo fue la última vez que tuvo que tocar a un drogadicto comido por su adicción, porque en los pasillos del PP o la Cope no suelen abundar. Uno se pregunta qué buena obra directa hace Rouco.
Además, la Iglesia hace caso omiso de la clamorosa petición de la gente del barrio de Entrevías, que el Domingo Santo no cabía en la iglesia donde se habían reunido los feligreses habituales y numerosos colectivos católicos como Iglesia de Base, entre los que se encontraban mis padres. La gente sabe que si cierran la iglesia, gran parte de la labor de 20 años se irá por el retrete, la gente no se integrará en otras iglesias de la zona porque no van a misa a seguir unos dogmas determinados, sino recibir ayuda. Rouco puede saber mucho de dogmas, no lo dudo, pero siendo así, también sabrá que la mayor parte de las tradiciones se establecieron en concilios ecuménicos a lo largo de la Edad Media y que nada tienen que ver con el mensaje de la principal figura del Cristianismo, Jesucristo, que vivió y murió varios siglos antes. Esas tradiciones no significan nada, no valen el precio que la Iglesia hace pagar constantemente.
Si yo le digo a alguien: “Te quiero”, ¿importan más los sonidos que profiero (o los símbolos con que lo escribo) o el mensaje que hay detrás?
La Iglesia se merece los problemas que tiene: seminarios vacíos, pérdida de fieles, creciente disensión interna… Mi madre decía con cierta pena y la voz baja de quien cree que está diciendo una barbaridad: “Ojala se les queden vacías las iglesias”. Joder, si para seis curas que tienen echan a uno, uno de los que ha podido ver un ideal detrás de un montón de hierros oxidados y absurdos, uno que les mantenía la iglesia llena haciendo cosas buenas por el barrio… Llena de pobres, eso si.


Pido disculpas por la falta de sentido del humor y (quizá) el exceso de sentimentalismo de este artículo si es que ha ofendido a alguien (exceptuando a Rouco Varela, personaje que me la sopla por todos los lados), pero mis padres, Enrique De Castro, son buena gente y no es justo que las buenas obras queden sepultadas bajo la estrechez de miras de unos arcaicos anquilosados en ciegas tradiciones inútiles que dirigen su “imperio” desde sus ostentosos tronos en base a sus propios intereses, completamente desconectados de su entorno y de aquello que dicen (no digo creen porque no es posible que se lo crean) defender. Y aquí va mi pregunta: ¿Hace cuanto que Rouco, o Ratzinger o algún obispo no lava los pies de una prostituta como hizo Jesucristo Su Señor? ¿No sería una bonita tradición a instaurar?

Etiquetas: , ,