lunes, marzo 26, 2007

¡Boicot!

Amigos, colaboradores, gente en general: Hemos sido boicoteados por el Partido Popular. Este partido decidió boicotear exlícitamente (implícitamente lo llevaba haciendo un tiempo, por ejemplo Acebes, rechazando en 24 ocasiones las invitaciones de El País para una entrevista) todos los medios de comunicación del grupo Prisa por las declaraciones que Polanco hizo en una cena. Si echamos un ojo a los arguementos que dan para ese boicot, esto es, la libre expresión de un empresario sobre sus ideas políticas en una cena, nos damos cuenta de que su boicot, que de momento sólo es oficial para con el grupo Prisa, pronto se extenderá y con mayor razón en algunos casos (ya sabéis a cuales me refiero... venga... no me hagáis decirlo... bueno, va, pero sólo uno, la cadena Cope... si esque sois más malos...), al 99% de los medios de comunicación, con la excepción de las revistas de química orgánica (y no todas) y las de Inteligencia Artificial, al menos hasta que dichas máquinas desarrollen mecanismos de opinión propios.
Por ello, desde este blog, nos sentimos implicitamente boicoteados por el que otra parte es el partido que representa las ideas políticas de casi 10 millones de personas, esperemos que cada vez menos, y esperamos la comunicación formal del boicot en breves momentos.

Creo que habría que recordar a cierto partido qué significan las palabras Democracia, Libertad de expresión, Responsabilidad y sobre todo Objetividad, porque la estrecha simpatía que corre entre Jimenez Los Santos (que roza seriamente, cuando no cruza abiertamente, la ilegalidad en cada programa) y el Partido Popular, no se explica visto lo visto.
¿Cuánto durará el boicot (el explícito)?

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jueves, marzo 22, 2007

McDonald´s y el lenguaje:

Uno podría pensar que los días pasan anodinamente, sin que pase nada bueno digno de mención, sólo crisis, crispación, terrorismo, pobreza y males. El periódico, cualquiera, se convierte en una caja de Pandora que más vale dejar cerrada si uno no quiere perder la fe en la raza humana. Pero la perseverancia premia al espíritu dispuesto, y un joven (o no tanto) con sentido del humor puede verse recompensado si ojea el periódico con la suficiente curiosidad.
En esas estaba cuando veo que McDonald´s (que, por alguna razón luce ostentosos carteles que rezan “restaurante” a sus puertas, razón que se me escapa) ha hecho públicas en una rueda de prensa sus intenciones de modificar el diccionario (al menos el de Oxford) porque en él consta, desde los años 80, el término McJob, popularizado en la novela Generación X (Douglas Coupland), que, como no podía ser de otra manera, significa “trabajo desalentador, mal pagado, con pocas perspectivas y resultado de la expansión del sector servicios”.
En uno de los casos más curiosos de inversión de la causalidad, McDonald´s afirma que este hecho, el que haya una palabra como “McJob” para tal significado, le da mala fama. Es curioso, porque, tal y como yo lo veo, es precisamente que tenían mala fama los trabajos en el McDonald´s la razón por la que surgió el término, y no al revés. Eso sí, cada uno ve las cosas como prefiere, aunque a veces haga falta algo del “doblepensar” orwelliano. Ejemplos los tenemos en la política todos los días, tanto en el PP, cuyos excesos en la doble línea de pensamiento me parecen escandalosos (si bien es cierto que me siento naturalmente repelido por este partido y puede que sea demasiado crítico con ellos), como en el PSOE, que se apresura a entrar al trapo. Pero no nos desviemos.

El gran Augusto, amo y señor del mundo civilizado, tuvo que confesar que era incapaz de forjar una nueva palabra de uso común, no podía decretar arbitrariamente qué sonido sería signo de qué cosa en el lenguaje de sus súbditos. ¿Por qué? Porque el lenguaje no le pertenece a nadie, sino a todos. Por más que McDonald´s consiga que en Oxford borren el término “McJob” (asombrosamente gráfico, por otra parte) de su diccionario, lo que conseguirá es, nada más y nada menos, que desaparezcan unos trazos de tinta de un papel. Mientras trabajar en el McDonald´s sea sinónimo de trabajo de verano para adolescentes con acné, mientras la gente que trabaja allí no salga satisfecha de su trabajo, dará igual que la palabra esté o no en el diccionario, “McJob” significará curro de mierda.

En una de las columnas de Javier Marias del EPS, una de las pocas que sigo con cierta regularidad, a raíz del fenómeno de lucha contra el “lenguaje sexista” decía cosas como que “todos y todas”, “hombre de color” en vez de “negro”, “obeso” en vez de gordo” y demás, rozaban, además del absurdo, la destrucción del lenguaje. Unas frases que me encantaron: “Hay quienes defienden estas erradicaciones con el argumento idiota de que cada colectivo tiene derecho a decidir cómo quiere llamarse. Y, en efecto, así es, pero no solo cada colectivo, sino cada individuo: a lo que, en cambio, no lo tienen ni unos ni otros es a decidir cómo los demás hemos de llamarlos, es decir, a imponérnoslo

Un gordo seguirá siendo gordo, aunque le llamemos obeso y trabajar en el McDonald´s seguirá siendo una mierda, aunque no le podamos llamar “McJob” según un papel en Oxford. Tal vez si trabajar en el McDonald´s fuera una suerte (1200 euros, 40 horas semanales fijas y 14 pagas, algo increíble para un joven imberbe) y no el último recurso de un chaval si estudios que necesita la pasta urgentemente, no haría falta que Oxford hiciera nada.

¿Es posible modificar la conducta o el pensamiento con el cambio externo (forzado) en el lenguaje? Esta pregunta tiene más sentido para los que hayáis leído 1984 de G. Orwell y todo lo relativo a la neolengua.

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jueves, marzo 15, 2007

La lección aprendida:

En Chipre, esa pequeña isla en medio del Mediterráneo que conocemos porque la Selección de Fútbol suele hacer un buen papel contra ellos, han comenzado a derribar el muro que partía la capital en dos, una barrera física que simbolizaba las diferencias que había, y hay, entre las dos partes de la isla: la griega y la turca. Y es que, a diferencia de Berlín, aquí, la mayoría no quiere la unificación. En el referéndum de hace 3 años, los griegos votaron el “no” en masa. Las diferencias culturales y religiosas en una isla insignificante en un mar que se quedó pequeño hace siglos parece que suponen un nuevo freno a los intentos de la gente que se da cuenta de que tal vez debamos buscar aquello que nos une, y no obcecarnos en buscar las diferencias, cuando en el fondo, no son tales. Cada uno puede pensar sobre Dios, la vida o cómo se preparan unas lentejas en condiciones lo que le de la gana, eso no son diferencias, eso son anécdotas. Diferencias que imposibiliten la convivencia pacífica son, por ejemplo, las que existen entre los asesinos en serie y el resto de la población. En esos casos, un muro que los aísle no es tan mala idea.
Pero partir en dos una isla, una ciudad, una calle, y enaltecer las diferencias día tras día a cada lado, ya sean políticas (capitalismo/comunismo), religiosas (ortodoxos/musulmanes), culturales o lo que sean, me parece de una ceguera preocupante para la Europa del Siglo XXI.
Así que, la medida del derribo del muro de la calle Ledra en Chipre, por más que obedezca más a intereses del los políticos que al sentimiento real de la población, o precisamente por eso, porque por una vez, parece que los políticos dicen “¿no sería mejor poder vivir juntos y en paz?”, merece mi aplauso incondicional.
Podrían aprender la lección en Corea, EEUU (por cierto, el candidato negro a la Candidatura del Partido Demócrata es un ferviente impulsor del muro con Mejico, así como de otro sin fin de medidas sorprendentemente conservadoras), Israel y demás sitios, y en vez de poner un muro de hormigón, dejaran algunos paneles con espejos, a ver si la gente empieza a darse cuenta que los otro lado también son como ellos. ¿Cuánto durarán los muros que están construyéndose hoy?

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