McDonald´s y el lenguaje:Uno podría pensar que los días pasan anodinamente, sin que pase nada bueno digno de mención, sólo crisis, crispación, terrorismo, pobreza y males. El periódico, cualquiera, se convierte en una caja de Pandora que más vale dejar cerrada si uno no quiere perder la fe en la raza humana. Pero la perseverancia premia al espíritu dispuesto, y un joven (o no tanto) con sentido del humor puede verse recompensado si ojea el periódico con la suficiente curiosidad.
En esas estaba cuando veo que McDonald´s (que, por alguna razón luce ostentosos carteles que rezan “restaurante” a sus puertas, razón que se me escapa) ha hecho públicas en una rueda de prensa sus intenciones de modificar el diccionario (al menos el de Oxford) porque en él consta, desde los años 80, el término McJob, popularizado en la novela Generación X (Douglas Coupland), que, como no podía ser de otra manera, significa “trabajo desalentador, mal pagado, con pocas perspectivas y resultado de la expansión del sector servicios”.
En uno de los casos más curiosos de inversión de la causalidad, McDonald´s afirma que este hecho, el que haya una palabra como “McJob” para tal significado, le da mala fama. Es curioso, porque, tal y como yo lo veo, es precisamente que tenían mala fama los trabajos en el McDonald´s la razón por la que surgió el término, y no al revés. Eso sí, cada uno ve las cosas como prefiere, aunque a veces haga falta algo del “doblepensar” orwelliano. Ejemplos los tenemos en la política todos los días, tanto en el PP, cuyos excesos en la doble línea de pensamiento me parecen escandalosos (si bien es cierto que me siento naturalmente repelido por este partido y puede que sea demasiado crítico con ellos), como en el PSOE, que se apresura a entrar al trapo. Pero no nos desviemos.
El gran Augusto, amo y señor del mundo civilizado, tuvo que confesar que era incapaz de forjar una nueva palabra de uso común, no podía decretar arbitrariamente qué sonido sería signo de qué cosa en el lenguaje de sus súbditos. ¿Por qué? Porque el lenguaje no le pertenece a nadie, sino a todos. Por más que McDonald´s consiga que en Oxford borren el término “McJob” (asombrosamente gráfico, por otra parte) de su diccionario, lo que conseguirá es, nada más y nada menos, que desaparezcan unos trazos de tinta de un papel. Mientras trabajar en el McDonald´s sea sinónimo de trabajo de verano para adolescentes con acné, mientras la gente que trabaja allí no salga satisfecha de su trabajo, dará igual que la palabra esté o no en el diccionario, “McJob” significará curro de mierda.
En una de las columnas de Javier Marias del EPS, una de las pocas que sigo con cierta regularidad, a raíz del fenómeno de lucha contra el “lenguaje sexista” decía cosas como que “todos y todas”, “hombre de color” en vez de “negro”, “obeso” en vez de gordo” y demás, rozaban, además del absurdo, la destrucción del lenguaje. Unas frases que me encantaron: “
Hay quienes defienden estas erradicaciones con el argumento idiota de que cada colectivo tiene derecho a decidir cómo quiere llamarse. Y, en efecto, así es, pero no solo cada colectivo, sino cada individuo: a lo que, en cambio, no lo tienen ni unos ni otros es a decidir cómo los demás hemos de llamarlos, es decir, a imponérnoslo”
Un gordo seguirá siendo gordo, aunque le llamemos obeso y trabajar en el McDonald´s seguirá siendo una mierda, aunque no le podamos llamar “McJob” según un papel en Oxford. Tal vez si trabajar en el McDonald´s fuera una suerte (1200 euros, 40 horas semanales fijas y 14 pagas, algo increíble para un joven imberbe) y no el último recurso de un chaval si estudios que necesita la pasta urgentemente, no haría falta que Oxford hiciera nada.
¿Es posible modificar la conducta o el pensamiento con el cambio externo (forzado) en el lenguaje? Esta pregunta tiene más sentido para los que hayáis leído 1984 de G. Orwell y todo lo relativo a la neolengua.
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