De nuevo:
Ante nada, muchas gracias a quien lea esto, porque significa que, pese a mi deplorable abandono del blog durante los exámenes (de Kazadorlakteo no sé nada y de Javi ya no lo espero así que hablo sólo por mí), ha entrado para ver si había algo nuevo una y otra vez y la fe ha prevalecido sobre la decepción. Así que, muchas gracias.
Ahora estoy trabajando de repartidor y eso me da mucho tiempo para escuchar la radio, ver a la gente en la calle y pensar, y precisamente eso es lo que ha inspirado lo que quería contar hoy.
He visto gente por la calle, jóvenes y no tanto, de rojo y amarillo, con banderas de España, sentados en las plazas y parques, contentos y despreocupados los días de los partidos de la selección en el Mundial. También he estado atento a la aprobación del Estatut y la ¿renuncia? de Maragall a presentarse de nuevo. La gente es capaz de sentirse unida y separada en cuestión de días.
No voy a negar las potentes razones históricas y culturales que tiene Cataluña (o el País Vasco) para exigir un trato diferente, y apoyarse en un sentimiento nacionalista para conseguir lo que se traduce en poco más que ventajas fiscales… Curioso es que los movimientos nacionales que realmente han pasado a la historia han sido los de la unificación de Alemania con Bismark y la de Italia con Garibaldi y sin embargo, si uno consulta a un historiador de la edad media alemana se verá apabullado por un mar de anécdotas que justifican incluso más que en el caso de Cataluña el queesos estados que formaban Alemania e Italia nunca se hubieran unido.
La gente buscó lo que les unía en vez de cebarse en sus diferencias.
Ahhh, ¡pero que discurso tan trillado! ¿Será que realmente no soy capaz de comprender lo que es el nacionalismo? Tal vez. Cada vez que he viajado a algún que no era de “mi país” y luego he hablado de él he sentido que en cierto modo yo pertenecía a aquello. Berlín, Dublín… Si los mencionaban en la tele o aparecían en una revista de repente ponía toda mi atención en aquello. Me siento parte de cada lugar en que he estado, sobre todo de aquellos que me han impresionado.
Pero veo constantemente en las noticias que hay gente empeñada en sentirse extranjera en el país que su D.N.I. pone como propio.
Tal vez soy yo, que mi mente no puede entender lo que es el nacionalismo. Más de un filósofo griego afirmó sentirse “ciudadano del mundo”, y hubo que esperar dos mil años para que surgiera el nacionalismo. ¿Me encuentro tan atrasado como un griego respecto a un alemán del folkgeist?
Sí, hay diferentes culturas, idiomas, maneras de pensar… pero esto solo parte de una educación y una herencia diferentes. Si un español que se “siente” español, hubiera nacido en Canadá… ¿se sentiría español?, ¿hablaría español?
Me inclino a creer que no. Justificar que somos diferentes porque casualmente hemos aparecido en un sitio y no en otro y nos han educado de cierta manera y que nada de esto lo hemos podido elegir, me parece un poco tonto.
Prefiero buscar lo que nos iguala como hombres, principio, por cierto, en el que están basadas las sociedades en las que es deseable vivir (véase democracias modernas con estado de derecho, estado del bienestar, ya sabéis), que dedicarme a exagerar cualquier detalle, por miserable y casposo que sea que me diferencie del de al lado…
¿Estatut? Tal vez, no lo he leído, no se de economía estatal y no entiendo qué ventajas y que desventajas reales supone, pero fundamentarlo en las diferencias entre Cataluña y el resto de España… me parece un error. El nacionalismo es tan sólo un instrumento más para ganar poder, si fuera inherente al ser humano habría existido siempre.
¿Qué dirán los vecinos del barrio del Carmel sobre las energías que se han puesto en el Estatut y no en realojarles?
La política está para hacer la mejor la vida de la gente, no para que unos pocos acumulen poder manipulando a otros.

